Una voz razonable para América Latina

 

Por Marcela Sanchez

The Washington Post
February 10, 2006

Es raro el funcionario estadounidense que por estos días hable públicamente sobre América Latina sin obsesionarse con el Presidente venezolano Hugo Chávez y sugerir una siniestra amenaza de la izquierda en la región.

Pero la semana pasada, Thomas Shannon, secretario asistente de estado para asuntos del Hemisferio Occidental, demostró un momentáneo triunfo de la razón sobre el miedo al rebatir la retórica tradicional en una entrevista con el diario español El País. Le dijo al diario que el ascenso de líderes populistas con inclinaciones socialistas no debiera ser visto como una amenaza. En cambio, agregó, Washington debiera "reconocer que esta forma de expresión política es válida y respetable, y hay que ayudar a crear estructuras que la canalicen de forma positiva."

Shannon, un diplomático de carrera que se posesionó en octubre, dijo que se exagera la influencia de Chávez en la región, contradiciendo a quienes alegan que el líder venezolano maquinó el triunfo de Evo Morales en Bolivia. Además, dijo, "el gran desafío al que nos enfrentamos en la región no es Venezuela o Chávez, sino la pobreza, la marginación y la incapacidad de algunas sociedades de proporcionar los bienes y servicios que la gente espera".

Lamentablemente, las palabras de Shannon terminaron eclipsadas por los excesos verbales tan comunes en esta capital.

En una audiencia del Senado sobre las amenazas mundiales a Estados Unidos la semana pasada, John Negroponte, director nacional de inteligencia, alertó sobre la alianza de Chávez con partes del "eje del mal" del Presidente Bush, diciendo que lo que Chávez busca es "estrechar relaciones económicas, militares y diplomáticas con Irán y Corea del Norte". Ese mismo día, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, en el Club Nacional de Prensa, retrocedió hasta el originario eje del mal cuando anotó que Chávez "fue elegido legalmente - tal como lo fue Adolfo Hitler".

El peligro no termina con Chávez. De hecho, para Rumsfeld las elecciones de otros líderes populistas en la región como la de Morales "son claramente preocupantes". Apenas un día antes, el Representante Connie Mack (R-Fla.), advirtió también acerca de la amenaza de "una cadena global de televisión para terroristas y otros enemigos de la libertad" fruto de una nueva alianza entre la cadena árabe Al-Jazeera y Telesur, cadena con sede en Caracas y financiada por Venezuela, Argentina, Cuba y Uruguay.

La nueva amenaza del sur no es nueva en realidad. Hace cuatro años la gran amenaza era el candidato presidencial brasileño de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva. Algunos observadores temían que reverterían las reformas de mercado y conspiraría contra Estados Unidos en compañía de Chávez y el líder cubano Fidel Castro. "Existe una posibilidad real", dijo Henry Hyde, presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara, durante la campaña presidencial de Lula, "que Castro, Chávez y Lula da Silva construyan un eje del mal en las Américas que podría pronto tener armas nucleares y misiles balísticos".

Después de tres años de Lula, el mundo ha visto a Brasil compitiendo con Washington y otras naciones industrializadas no como una amenaza militar sino como lo que es: una de las más grandes economías emergentes del mundo interesada en conseguir mejores términos en comercio internacional.

Curiosamente, fue otro diplomático de carrera, la embajadora estadounidense en Brasil Donna Hrinak, quien ayudó a calmar la retórica del miedo al salir en la defensa de Lula. Una vez la historia de su vida se conoció - la historia del sueño americano por excelencia como la describió Hrinak - se hizo más difícil considerar a Lula simplemente como una amenaza de la izquierda.

El punto aquí no es que Chávez es un Lula malentendido o que sus intenciones son puramente nobles. El punto es que las palabras son importantes y que caricaturizar a Chávez y al progreso de la izquierda en la región no le sirve a nadie. Las palabras de Rumsfeld, Negroponte y los demás son tan ridículas como las de Chávez mismo cuando llama al Presidente Bush "Mister Danger" o, como lo hizo en el fin de semana, cuando dice que Hitler es "un niño de pecho ante Mister Danger".

Las palabras de Shannon, carentes de las pasiones que generan buenos titulares, son la mejor base para robustecer la política exterior estadounidense hacia la región. No fortalecen la posición de Chávez y no ofenden a las personas que escogen al líder venezolano por la esperanza que continúa representando para ellos.

Las palabras de Shannon demuestran además una comprensión más constructiva de lo que está en juego en la región en un momento de deterioradas relaciones norte-sur. Pero lo que es más, coinciden con las de muchos líderes latinoamericanos que han insistido hace tiempo que Chávez claramente no es la voz razonable que la región necesita en este momento.